Hola, amigos de la nieve y los viajes! Siempre he creído que el esquí es un lenguaje universal, pero mi experiencia como instructor me ha enseñado que cada persona lo aprende y lo vive de una manera única.
En los últimos años, he notado cómo nuestras pistas se han llenado de visitantes de todos los rincones del mundo, trayendo consigo sus propias culturas, expectativas y, a veces, barreras idiomáticas que convierten cada clase en un desafío apasionante y una oportunidad de aprendizaje inigualable.
Es una de las tendencias más bonitas y, a la vez, complejas que estamos viviendo en el turismo de invierno. ¿Te has preguntado alguna vez cómo manejamos los instructores esta maravillosa diversidad?
Prepárate, porque hoy te voy a desvelar anécdotas y trucos para conectar con cada alumno, sin importar de dónde venga. Acompáñame a descubrirlo.
Rompiendo las Barreras del Idioma: Más Allá de las Palabras

Cuando el Diccionario se Queda Corto
Recuerdo mis primeros años como instructor, la emoción de ver a un alumno deslizarse por primera vez era indescriptible. Pero cuando ese alumno hablaba un idioma que yo no dominaba, esa emoción se mezclaba con un pellizco de frustración.
¿Cómo explicas la sutil inclinación del tobillo o el movimiento de cadera necesario para un giro perfecto cuando la persona frente a ti solo asiente con una sonrisa amable pero confundida?
Mi experiencia me ha enseñado que no se trata solo de traducir palabras, sino de transmitir conceptos. Una vez tuve un grupo de jóvenes asiáticos y, a pesar de tener un intérprete a mano, sentía que no lográbamos la conexión real.
Fue entonces cuando empecé a buscar otras vías. Descubrí que la clave no estaba en un diccionario bilingüe, sino en la paciencia, la observación y, sobre todo, en el lenguaje universal del esquí mismo.
He aprendido a desglosar las instrucciones más complejas en sus partes más simples, casi primitivas, usando gestos y demostraciones repetidas hasta que el mensaje cala.
Es increíble cómo algo tan básico como un “sigue mis pies” acompañado de un movimiento puede ser más efectivo que una explicación gramaticalmente perfecta.
La comunicación es un arte, y en la pista, se vuelve una coreografía.
El Arte de la Comunicación No Verbal y las Frases Clave
Aquí es donde realmente se pone interesante. ¿Sabes lo poderoso que es señalar con el dedo gordo hacia abajo para indicar “bajamos” o simular un giro con el cuerpo entero?
Es increíble cómo un gesto bien ejecutado puede ser más efectivo que mil palabras. Con el tiempo, he creado una especie de “kit de supervivencia” de frases clave en varios idiomas: “frena” (¡esencial!), “gira”, “más despacio”, “mira hacia adelante”.
No soy políglota, ni mucho menos, pero esas tres o cuatro palabras en su idioma natal abren una puerta de confianza enorme. La expresión en mi rostro, la forma en que uso mis manos, incluso la energía que transmito, todo suma.
Mis alumnos se sienten más seguros y, por ende, aprenden más rápido. Es como si, al ver mi esfuerzo por conectar en su mundo, ellos se abrieran más al mío en la pista.
Es una danza constante de señales y entendimiento mutuo. He notado que, al principio, algunos están algo retraídos, pero cuando ven que me esfuerzo, la barrera se disuelve rápidamente y la clase fluye con una alegría contagiosa.
Mis alumnos me han enseñado tanto como yo a ellos.
Más Allá de las Pistas: Comprendiendo las Costumbres de Cada Uno
Etiqueta y Respeto: Detalles que Marcan la Diferencia
Cuando trabajas con personas de todo el mundo, te das cuenta rápidamente de que lo que es “normal” en un lugar, puede ser totalmente diferente en otro.
Por ejemplo, la forma de dirigirse a los demás, el espacio personal o incluso la importancia de la puntualidad varían enormemente. Recuerdo una vez que un alumno de un país del sudeste asiático se sorprendió mucho cuando le corregí su postura de forma directa.
En su cultura, la confrontación directa, incluso si es para enseñar, puede ser incómoda. A partir de esa experiencia, aprendí a ser más sutil, a ofrecer las correcciones como sugerencias o demostraciones.
Otro ejemplo es la distancia física. Algunos alumnos se sienten más cómodos con una mayor distancia, mientras que otros no tienen problema con la cercanía.
Prestar atención a estas pequeñas señales no solo muestra respeto, sino que también crea un ambiente de aprendizaje mucho más cómodo y efectivo. Se trata de ser un camaleón cultural, adaptándose sin perder tu esencia.
Es un constante aprendizaje, te lo aseguro.
Las Expectativas Culturales y su Impacto en el Aprendizaje
Lo que la gente espera de una clase de esquí también está muy influenciado por su cultura. Algunos esperan una instrucción muy estructurada y formal, con cada paso detallado, mientras que otros prefieren un enfoque más lúdico y exploratorio.
He tenido alumnos que valoran muchísimo la autoridad y la experiencia del instructor, esperando seguir cada indicación al pie de la letra, y otros que buscan una interacción más horizontal, donde pueden experimentar y descubrir por sí mismos.
Entender esto de antemano me ayuda a adaptar mi metodología. Por ejemplo, con aquellos que valoran la estructura, me aseguro de presentar un plan claro para la clase.
Para los más curiosos, les doy más espacio para la prueba y error, siempre bajo mi supervisión, claro. Es fascinante cómo estas diferencias enriquecen cada día de trabajo y me obligan a salir de mi zona de confort.
Al final, todos queremos lo mismo: disfrutar de la nieve y aprender a esquiar, pero el camino para llegar allí puede ser muy distinto para cada uno.
Adaptando la Enseñanza: Cada Alumno es un Mundo
Estrategias de Adaptación para Diferentes Niveles y Temperamentos
No todos aprenden al mismo ritmo ni de la misma manera. Esto es una obviedad, pero se magnifica cuando sumas las diferencias culturales. Hay alumnos que son muy visuales, necesitan ver la demostración una y otra vez.
Otros son más kinestésicos, aprenden haciendo y experimentando en su propio cuerpo. Y luego están los auditivos, que captan mejor las instrucciones verbales claras y concisas.
Mi truco personal es empezar con una demostración y luego dar una instrucción verbal sencilla, observando muy de cerca la reacción del alumno. Si veo que no lo capta, cambio la estrategia.
A veces, una simple metáfora, como “imagina que tus esquís son alas”, puede desbloquear una barrera. También me he dado cuenta de que algunos son más competitivos y responden bien a los desafíos, mientras que otros necesitan más ánimo y refuerzo positivo.
La clave es la flexibilidad. No puedes tener un plan de clase rígido, especialmente en un entorno tan dinámico como una pista de esquí con alumnos de diversas procedencias.
Siempre tengo un as bajo la manga para cada situación.
El Rol de la Empatía en la Progresión del Esquiador
La empatía es, sin duda, una de las herramientas más poderosas que tenemos los instructores. Ponernos en los zapatos de nuestros alumnos, entender sus miedos, sus frustraciones, pero también sus ilusiones y su entusiasmo, es fundamental.
Recuerdo a una señora mayor de Japón que estaba muy asustada. Cada caída era un drama, y pensaba en rendirse. En lugar de presionarla, me senté a su lado en la nieve, le hablé de la belleza del paisaje y de lo valiente que era por intentarlo.
Compartí con ella una pequeña anécdota personal sobre mis propios miedos al principio. Esa conexión humana, ese momento de vulnerabilidad compartida, la transformó.
Volvió a intentar y, aunque lenta, al final de la semana estaba deslizando con una sonrisa en el rostro. La empatía no solo ayuda a que la gente se relaje, sino que también construye una confianza profunda que es esencial para el aprendizaje.
Saber que su instructor se preocupa genuinamente por su bienestar y progreso, hace toda la diferencia.
Tecnología y Apoyos Visuales: Aliados Inesperados
Usando Dispositivos Móviles para Mejorar la Comprensión
En la era digital en la que vivimos, los teléfonos móviles son mucho más que una distracción; se han convertido en una herramienta increíble para los instructores.
He empezado a usarlos para grabar pequeños clips de mis alumnos esquiando. Una vez, un chico de Corea no entendía por qué sus esquís se cruzaban. Le grabé un minuto y luego le mostré el video, señalándole exactamente lo que estaba haciendo.
¡Fue como magia! Al ver su propio error desde una perspectiva externa, lo corrigió en el siguiente descenso. También he recurrido a aplicaciones de traducción en tiempo real para esas frases complejas que no lograba expresar con gestos.
No es mi primera opción, ya que prefiero la interacción directa, pero para explicaciones técnicas específicas, es un salvavidas. Siempre pido permiso antes de grabar, claro.
Es una forma de aprovechar la tecnología para superar barreras que antes parecían infranqueables. La innovación en la enseñanza del esquí es constante.
Diagramas y Gestos: El Lenguaje Visual de la Nieve
Más allá de los móviles, tengo un pequeño arsenal de trucos visuales. Siempre llevo conmigo un cuaderno pequeño y un bolígrafo. A veces, un rápido diagrama de cómo hacer un giro o cómo posicionar el cuerpo puede ser increíblemente eficaz.
Para aquellos alumnos que son muy visuales, es como encender una bombilla. También utilizo mucho la propia pista. Dibujar líneas en la nieve con mi esquí para mostrar la trayectoria ideal, o usar las huellas de otros esquiadores como referencia.
Los conos de entrenamiento no solo sirven para delimitar, sino que también pueden ser puntos de referencia visuales para giros o frenadas. La comunicación visual es universal y trasciende cualquier idioma.
Es una forma de hablar sin palabras, de construir un entendimiento compartido en la montaña. Estas herramientas me han ayudado a explicar conceptos abstractos de una manera tangible y fácil de asimilar para personas de cualquier origen.
Creando una Comunidad Global en las Pistas
Fomentando la Interacción entre Alumnos de Diferentes Nacionalidades
Uno de los aspectos más gratificantes de mi trabajo es ver cómo personas de diferentes culturas, que tal vez nunca se habrían conocido, forjan lazos en mis clases.
Al principio, la gente tiende a agruparse con quienes hablan su mismo idioma o tienen una cultura similar. Pero yo siempre intento romper esas barreras iniciales.
Propongo ejercicios en pareja o en pequeños grupos, asegurándome de mezclar las nacionalidades. Por ejemplo, “hoy, tú y tú sois un equipo para este ejercicio, ayúdense mutuamente”.
Es increíble ver cómo, a través del esquí, se encuentran puntos en común, risas y, a veces, incluso se intercambian contactos para futuras aventuras. Mis clases no son solo para aprender a esquiar; son también un mini-laboratorio de intercambio cultural.
He sido testigo de amistades que nacieron en la nieve y han continuado mucho después de que terminara la temporada. Es un recordatorio de que, a pesar de las diferencias, todos somos humanos buscando diversión y conexión.
Celebrando las Pequeñas Victorias y las Culturas de Origen

Cada progreso, por pequeño que sea, es una victoria que celebro con mis alumnos, y me gusta hacerlo de una manera que honre su diversidad. Cuando un alumno de España finalmente domina el giro paralelo, lo celebro con un “¡Olé!” lleno de energía.
Si es alguien de Alemania, un “¡Super!” resuena. Intento aprender algunas palabras de ánimo en diferentes idiomas, y la reacción de mis alumnos al escucharlas es impagable.
Les hace sentir vistos, apreciados y parte de algo más grande. También me encanta cuando comparten algo de su cultura conmigo o con el grupo. Recuerdo una vez que unos alumnos brasileños me enseñaron un par de pasos de samba en la nieve durante un descanso.
Fue hilarante y un momento de conexión genuina. Estos pequeños detalles no solo hacen la clase más divertida, sino que también refuerzan el sentido de comunidad y de pertenencia.
La pista de esquí se convierte en un escenario global donde cada uno tiene algo único que aportar.
El Valor de la Paciencia y la Pasión en la Enseñanza Multicultural
La Paciencia como Herramienta Fundamental del Instructor
Si hay una cualidad que se ha pulido en mí a lo largo de los años trabajando con una clientela tan diversa, es la paciencia. Y no me refiero solo a la paciencia para repetir una instrucción por décima vez, sino a la paciencia para entender que el proceso de aprendizaje de cada persona es único y que las barreras culturales o lingüísticas pueden añadir capas adicionales de complejidad.
Ha habido días en los que sentía que no avanzábamos, que el mensaje no llegaba, y la frustración amenazaba con aparecer. Pero he aprendido a respirar hondo, a cambiar de enfoque, a buscar una nueva forma de explicar, una nueva demostración.
La impaciencia solo genera más tensión y bloquea el aprendizaje. Mis alumnos, al ver mi calma y mi perseverancia, se sienten más seguros para seguir intentándolo.
He descubierto que la paciencia es el combustible que mantiene encendida la llama de la motivación, tanto en ellos como en mí. Es una virtud que se cultiva día a día en la montaña.
La Pasión por la Nieve como Lenguaje Universal
Al final del día, lo que nos une a todos, sin importar de dónde vengamos o qué idioma hablemos, es el amor por la nieve y la emoción de deslizarse por la montaña.
Mi pasión por el esquí es contagiosa, y creo que es la mejor herramienta para conectar con cualquier alumno. Cuando demuestro un giro con entusiasmo, cuando mi rostro se ilumina al hablar de la nieve polvo fresca, mis alumnos lo sienten.
Esa energía, esa alegría genuina, trasciende todas las barreras. Es el motor que me impulsa a buscar nuevas formas de enseñar, a superar los desafíos comunicativos y a celebrar cada pequeño logro.
He visto a personas de todas las edades y nacionalidades, con sonrisas idénticas, disfrutar de la misma sensación de libertad en la nieve. Es un recordatorio poderoso de que, en el fondo, todos compartimos una misma humanidad y un deseo común de aventura.
Esa pasión es el verdadero lenguaje universal de la montaña.
| Desafío Cultural | Enfoque del Instructor | Ejemplo Práctico |
|---|---|---|
| Barreras lingüísticas | Comunicación no verbal, frases clave, apps de traducción | Utilizar gestos para “frena” o “gira”, aprender “gracias” en el idioma del alumno. |
| Diferencias en etiqueta | Observación y adaptación, respeto al espacio personal | Ofrecer correcciones de forma indirecta si la cultura lo prefiere, evitar el contacto físico excesivo. |
| Expectativas de aprendizaje | Flexibilidad en la metodología, escucha activa | Estructurar la clase para alumnos formales, dar libertad para explorar a los más lúdicos. |
| Miedos y timidez | Empatía, fomento de la confianza, anécdotas personales | Sentarse al lado del alumno, compartir experiencias de aprendizaje propias, celebrar cada pequeño avance. |
Construyendo Confianza: La Base de Toda Gran Clase
La Importancia de Escuchar Activamente Más Allá de las Palabras
Aunque parezca contradictorio, escuchar es una de las habilidades más importantes cuando la comunicación verbal es limitada. No se trata solo de oír las palabras que salen de la boca del alumno, sino de observar su lenguaje corporal, su expresión facial, la forma en que reacciona a las instrucciones.
¿Está tenso? ¿Frustrado? ¿Entusiasmado?
He aprendido a leer estas señales no verbales como si fueran un idioma más. Una vez, tuve una alumna de Italia que, aunque hablaba algo de español, sus ojos me decían mucho más.
Podía ver su miedo en cada descenso. En lugar de seguir dándole instrucciones técnicas, le pregunté (con gestos y las pocas palabras que compartíamos) qué sentía.
Esa simple pregunta, aunque costara un poco formularla, abrió la puerta. Me hizo entender que necesitaba más apoyo emocional que técnico en ese momento.
Escuchar activamente es un acto de empatía y respeto que construye un puente de confianza sólido entre el instructor y el alumno, sin importar sus orígenes.
Pequeños Gestos que Dejan una Huella Duradera
Son los pequeños detalles, esos que a menudo pasan desapercibidos, los que realmente marcan la diferencia y construyen una confianza duradera. Recordar el nombre de cada alumno, preguntar cómo les fue en la jornada anterior si es una clase de varios días, o simplemente ofrecer una sonrisa de aliento cuando están luchando con un ejercicio.
Una vez, un alumno de China me comentó que valoraba mucho que recordara su nombre, ya que para él era una señal de respeto. Otro detalle que funciona de maravilla es la personalización.
Si noto que a alguien le encanta la velocidad, busco un terreno seguro para que pueda experimentarla, siempre bajo control. Si a otro le cuesta el equilibrio, me centro en ejercicios específicos para ello.
Estos gestos demuestran que me preocupo por su progreso individual y que veo más allá del grupo. Al final, no solo soy su instructor de esquí, sino también una guía, un motivador y, a veces, un amigo en la montaña.
Esa conexión es invaluable para una experiencia memorable.
El Futuro del Esquí Multicultural: Desafíos y Oportunidades
Preparándose para la Diversidad Creciente en las Pistas
El mundo está más conectado que nunca, y las pistas de esquí no son una excepción. Cada año veo un aumento en la diversidad de nuestros visitantes, y es una tendencia que solo va a seguir creciendo.
Esto significa que nosotros, como instructores, tenemos que estar mejor preparados. Ya no es suficiente con dominar las técnicas de esquí; también necesitamos desarrollar una mayor sensibilidad cultural y habilidades comunicativas adaptadas.
Personalmente, me he tomado el tiempo para investigar sobre las costumbres y expectativas de los visitantes de diferentes regiones. ¿Cómo se comportan en grupos?
¿Qué valoran en un servicio? ¿Hay alguna restricción dietética común que deba conocer? Toda esta información me ayuda a anticiparme y a ofrecer una experiencia más personalizada y confortable.
La formación continua en comunicación intercultural debería ser una parte fundamental de nuestro desarrollo profesional. No se trata solo de ser un buen esquiador, sino de ser un embajador global de la nieve.
Innovación en la Enseñanza para una Experiencia Universal
La innovación no se detiene en los equipos de esquí; también debe aplicarse a cómo enseñamos. Estamos explorando nuevas metodologías que puedan ser más inclusivas y efectivas para todos.
Por ejemplo, el uso de gafas de realidad aumentada para proyecciones visuales de la técnica, o plataformas en línea donde los alumnos puedan repasar conceptos en su propio idioma antes de la clase.
Imagina poder ver un video explicativo en tu lengua materna sobre “cómo hacer una cuña de frenado” antes de ponerte los esquís. Estas herramientas tienen el potencial de romper aún más las barreras y hacer que el aprendizaje sea accesible y divertido para cualquiera.
También estoy convencido de que la colaboración entre instructores de diferentes nacionalidades, compartiendo sus experiencias y trucos, enriquecerá enormemente nuestra profesión.
El objetivo es crear una experiencia de esquí verdaderamente universal, donde todos se sientan bienvenidos, comprendidos y capaces de disfrutar de la magia de la montaña.
Es un camino emocionante que apenas comienza.
Reflexiones Finales
Bueno, mis queridos amigos de la nieve, espero que este recorrido por mi día a día en las pistas os haya resultado tan enriquecedor como lo es para mí. Al final, el esquí es mucho más que deslizarse por una montaña; es una oportunidad para conectar, para romper barreras y para darnos cuenta de que, sin importar de dónde vengamos, la alegría de la aventura nos une. Cada clase, cada alumno, es un nuevo capítulo en esta increíble historia de la que soy parte. ¡Y no puedo estar más agradecido por ello! Así que, la próxima vez que os lancéis por una pista, recordad que cada sonrisa compartida es un idioma universal, que nos invita a descubrir y disfrutar juntos, creando recuerdos inolvidables en la majestuosidad de la montaña.
Información Útil que Deberías Conocer
1. Aprende frases básicas: Antes de viajar a cualquier estación de esquí internacional, un simple “hola”, “gracias” y “por favor” en el idioma local de tu destino abrirá muchas puertas y mostrará tu respeto cultural. ¡Verás qué bien te reciben y cómo mejora tu experiencia desde el primer momento!
2. Observa y adáptate: Fíjate en cómo interactúan los lugareños y otros visitantes en las pistas y en los restaurantes de montaña. Un poco de observación te ayudará a entender las costumbres y a sentirte más cómodo en el ambiente multicultural de la estación, facilitando una convivencia armoniosa.
3. La comunicación no verbal es clave: Una sonrisa, un pulgar hacia arriba o un gesto de asentimiento pueden transmitir más que mil palabras, especialmente cuando el idioma es una barrera. No subestimes el poder de un buen lenguaje corporal para conectar y hacerte entender con instructores y compañeros.
4. Sé paciente contigo y con los demás: Aprender a esquiar lleva tiempo, y las diferencias culturales o de nivel pueden añadir un extra de paciencia. Relájate, disfruta el proceso de aprendizaje y sé comprensivo con quienes te rodean. ¡Estamos todos aquí para pasarlo bien y mejorar en la nieve!
5. Abre tu mente a nuevas amistades: Las pistas de esquí son un lugar fantástico para conocer gente de todo el mundo. Intercambia experiencias, ríe y quizás hagas amigos para toda la vida, compartiendo la misma pasión por este deporte. ¡Es una de las mejores partes de un viaje de esquí!
Puntos Clave a Recordar
Como instructor con años de experiencia, he aprendido que la clave para una enseñanza de esquí multicultural exitosa reside en la empatía y la adaptabilidad. Romper las barreras del idioma no solo se logra con palabras, sino con gestos, paciencia y una profunda comprensión de las diferentes expectativas culturales. Al prestar atención a las costumbres, adaptar las estrategias de enseñanza a cada individuo y utilizar herramientas visuales y tecnológicas, podemos transformar la pista de esquí en un espacio inclusivo y enriquecedor para todos. Lo más importante es recordar que la pasión compartida por la nieve es un lenguaje universal que une a personas de todos los rincones del mundo, creando no solo esquiadores más hábiles, sino una verdadera comunidad global en la montaña. La confianza se construye con pequeños gestos y una escucha activa que trasciende cualquier idioma, asegurando que cada persona se sienta valorada y comprendida en su aventura invernal.
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: Cuando recibes a esquiadores de tantos países, ¿cómo haces para que la barrera del idioma no se convierta en una pista negra infranqueable?
R: ¡Uf, esa es la pregunta del millón! Créeme, al principio, era un verdadero rompecabezas. Recuerdo mi primera vez con un grupo de japoneses que apenas hablaban inglés y yo solo sabía decir “arigato”.
Sentía una mezcla de pánico y emoción. Pero con el tiempo, te das cuenta de que el esquí tiene su propio lenguaje universal: las demostraciones. Mi truco principal es mostrar en lugar de solo explicar.
Con una buena demostración visual, el 80% del mensaje ya está dado. Además, aprendes a usar palabras clave en diferentes idiomas. Un “¡frena!” con el gesto adecuado, o un “¡gira!” mientras lo haces, se entienden en cualquier parte del mundo.
También he descubierto que las aplicaciones de traducción instantánea en el móvil son un salvavidas, ¡y no te imaginas la cara de sorpresa y gratitud de un alumno cuando le dices algo en su propio idioma, aunque sea solo un “bien hecho” o un “cuidado”!
La conexión que se crea, aunque sea a través de gestos y sonrisas, es mágica y va mucho más allá de las palabras. Al final, lo que más importa es la paciencia y las ganas de que disfruten.
P: Más allá del idioma, ¿has notado diferencias culturales en cómo los alumnos abordan el aprendizaje o sus expectativas sobre una clase de esquí?
R: ¡Absolutamente! Es fascinante, de verdad. Por ejemplo, he tenido grupos de Latinoamérica que son muy expresivos y cariñosos, siempre dispuestos a reírse de sí mismos y a celebrar cada pequeño avance.
Para ellos, la experiencia social y el disfrute en grupo son tan importantes como la técnica. Por otro lado, recuerdo alumnos de países nórdicos o asiáticos que a veces son más reservados, muy concentrados en la instrucción técnica y en la perfección del movimiento.
No buscan tanto la palmada en la espalda, sino la corrección precisa y detallada. He aprendido que con ellos, la paciencia es clave y que aprecian mucho la estructura y el paso a paso.
Hay que entender que la forma de dar feedback debe adaptarse; un “¡excelente!” muy efusivo podría ser perfecto para unos, mientras que para otros, un “intenta mover el centro de gravedad un poco más hacia adelante” será lo que realmente valoren.
Mi experiencia me dice que la clave está en observar, escuchar (incluso sin palabras) y adaptar mi estilo. Lo que para unos es un reto, para otros es pura diversión, y el instructor tiene que ser un camaleón.
P: Con esta diversidad en tus clases, ¿cuál dirías que es el mayor desafío y la mayor recompensa como instructor?
R: El mayor desafío, sin duda, es lograr que cada persona, con su idioma, su cultura y su nivel, se sienta vista, entendida y progrese a su ritmo dentro de un mismo grupo.
Es como orquestar una sinfonía donde cada instrumento tiene su propio tono y hay que lograr una melodía armoniosa. Hay que tener la capacidad de desdoblarse, de explicar lo mismo de cinco maneras diferentes y de saber cuándo un alumno necesita un empujón y cuándo un espacio para procesar.
Pero, ¿la recompensa? ¡Uf, esa es inmensa! Ver la cara de pura alegría de alguien que acaba de hacer su primera bajada sin caerse, escuchar un “¡Gracias!” sincero en un acento que te es ajeno, o ser testigo de cómo dos alumnos de países distintos se ayudan mutuamente a pesar de no compartir un idioma… eso no tiene precio.
Es en esos momentos cuando me doy cuenta de que el esquí es mucho más que deslizarse por la nieve; es una herramienta poderosa para conectar personas, derribar barreras y crear recuerdos que duran toda la vida.
Es lo que me hace volver a las pistas cada día con una sonrisa y la misma pasión del primer día.






